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  • Jaime Lara Lara

La desconfianza empresarial

Uno de los componentes más importantes para medir el pulso económico de un país es la inversión que en su mayor parte realizan las empresas del sector privado. Esta variable se modifica de acuerdo a las expectativas de los rendimientos futuros de las inversiones, los cuales están sujetos a muchos riesgos. Es casi imposible tener una estimación precisa de lo que pasará en el futuro, por lo que la percepción subjetiva que tienen los empresarios acerca del futuro de la economía es importante para que las inversiones se lleven a cabo.


Los indicadores que se tienen acerca de la confianza de los empresarios, aunque han mejorado igual que otras variables económicas en los últimos meses, aún no se recuperan hacia los niveles previos a la actual crisis económica y están por debajo de los alcanzados antes del inicio del actual gobierno federal. No es casual por ello que los datos de inversión productiva hayan disminuido desde antes del inicio de la pandemia. Esto es más preocupante aún porque el gobierno también está llevando a cabo niveles históricamente bajos de inversión pública. Su compromiso con déficits moderados ante la crisis económica para el presente año implica niveles de inversión pública muy bajos. Además, los proyectos que se han emprendido, como el aeropuerto Felipe Ángeles o el Tren Maya, se terminarán en períodos futuros por lo que su impacto en la actividad productiva será poco visible en este año. Los gobiernos locales, también han optado por la disminución de la inversión pública ante las limitaciones en sus ingresos fiscales ligados a los de la federación.


Para tratar de incidir en la confianza de los empresarios el gobierno ha emprendido algunas acciones como los anuncios conjuntos de paquetes de proyectos de inversión con el sector privado. También se trabajó en disipar la incertidumbre con la renegociación del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. Además, desde el inicio del sexenio se incluyó a un grupo de empresarios en un consejo asesor y se comprometió a no llevar a cabo reformas fiscales en la primera parte de este sexenio. Sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para disipar las dudas que surgen entre una franja importante de los empresarios ante la llegada de un gobierno con un discurso menos amigable hacia el sector privado, al menos dentro de algunos de los grupos que conforman el partido gobernante. Algunas medidas como la cancelación de proyectos o cambios de reglas en el sector energético no han sido bien recibidas. En otros aspectos como la limitación del outsourcing también hay espacios de conflicto y negociación por resolver.


Lo cierto es que, dadas las restricciones para la inversión pública que se han establecido este año, para una recuperación económica más rápida y sólida que no dependa de la demanda externa, se requiere un empuje del gasto de los consumidores o la inversión de las empresas, esto último solo será posible con una mejora en la confianza de los empresarios en el futuro. En esto último puede ser que el actual gobierno federal se esté jugando el éxito de su programa macroeconómico de este año.

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