La convergencia centroamericana
- Jaime Lara Lara

- 24 abr
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Hace unos días el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de sus previsiones de crecimiento para las economías del mundo en este año. En el caso de México el pronóstico es de 1.6 por ciento, relativamente bajo comparado con la previsión global de 3.1 por ciento y del 2.3 por ciento para Latinoamérica. Así, México estaría acumulando otro año más de relativo estancamiento. Algo poco visible en las comparaciones de nuestro comportamiento económico es lo que sucede en los países de Centroamérica, para ellos el FMI pronóstica un crecimiento relativamente elevado de 3.7 por ciento. De forma similar, para el 2027 la previsión de crecimiento es mayor para estas economías.
Estamos acostumbrados a no observar lo que sucede en los países centroamericanos debido a que históricamente han tenido una economía de menor desarrollo que la mexicana y asumimos que tenemos poco que aprender de ellos. Pero si revisamos los datos de las últimas décadas, estos países han tenido un mejor crecimiento económico. Según datos del Banco Mundial, Costa Rica pasó de tener un 62 por ciento del PIB per cápita mexicano en 1990, ajustado por paridad del poder adquisitivo, a tener un dato 22 por ciento mayor en 2024. Un comportamiento muy similar exhibe Panamá en el mismo período. Nuestro vecino más inmediato, Guatemala, también se acercó significativamente a nuestro país, al pasar de un 44 por ciento de nuestro PIB per cápita a un 57 por ciento. Con estos datos hoy estaría superando a algunos de los estados más pobres de México, particularmente su vecino Chiapas. Una historia de convergencia similar la han escrito Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras.
En estos momentos en los que parece inevitable estar concentrados en nuestra relación con nuestro vecino del norte, valdría la pena tomarnos un momento para pensar en las implicaciones de este proceso de mayor crecimiento económico que ha sucedido al sur de nuestro país por varias razones. La primera es por las oportunidades de inversión y comercio que implica para las empresas mexicanas. A pesar de la incertidumbre de la política comercial, por su tamaño el mercado estadounidense seguirá siendo nuestro principal mercado. Sin embargo, una oportunidad de diversificación, aunque sea marginal, debería ser bienvenida.
En segunda instancia por las posibilidades que un crecimiento sostenido de Centroamérica podría abrir para una revisión de la estrategia de crecimiento de nuestro propio sur, tan aislado de los escasos frutos del crecimiento económico en las últimas décadas. Estamos acostumbrados a considerar que es inevitable que las tasas de crecimiento sean más bajas en esa región del país, debido a la lejanía con el mercado estadounidense, pero el crecimiento de Centroamérica nos muestra que esto no es forzoso. Además, por la cercanía geográfica, una economía centroamericana más sólida puede abrir algunas oportunidades particularmente para el sur de nuestro país. Los planes de infraestructura deberían considerar esto más seriamente.
Otra razón para analizar el crecimiento centroamericano es la académica. El estancamiento económico de México se ha convertido en un enigma para los economistas propios y extraños. Quizá una comparación con países que comparten cercanía cultural y geográfica nos ayude tener mejores ideas para resolver de forma más precisa las misteriosas causas de nuestro estancamiento y las posibilidades para superarlo.
Por último, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, quizá sea momento de ver a los países centroamericanos en un plano de mayor igualdad y aprendizaje mutuo, algo tan ausente en estos momentos en la interacción entre las naciones. No solo como realidades a evitar o ignorar.
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