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  • Jaime Lara Lara

El costo de las remesas

Todos los años en esta época es común observar la presencia de migrantes mexicanos en sus comunidades de origen; este fenómeno se aprecia con mayor intensidad en comunidades rurales. Una práctica que realizan regularmente es traer algunos bienes que regalan a sus familiares como ropa, herramientas, aparatos eléctricos o vehículos. También hacen pequeñas transferencias a familiares y amigos utilizando dólares en efectivo. Es difícil cuantificar el monto total de esta práctica, no son una proporción tan alta del total de las remesas, pero quienes están cerca de las comunidades migrantes rurales saben de la importancia de su existencia.


Además del significado social de la presencia de los migrantes hay otra razón para que las remesas se hagan en especie o en efectivo. Enviar remesas desde los Estados Unidos por otros medios es inviable o muy costoso. Hay una escasa presencia de los bancos en los municipios con localidades pequeñas, por lo que pocas personas cuentan con una cuenta bancaria en las que se pueda depositar desde los Estados Unidos. De poco sirve tener una tarjeta bancaria donde casi todos los negocios solo aceptan efectivo. Es necesario trasladarse a otras localidades mayores para obtener el efectivo, con los costos asociados en tiempo y dinero que esto implica. Cuando el envío de remesas se hace por medio de las empresas dedicadas a este giro, las comisiones y el tipo de cambio al que se pagan las remesas pueden hacer el costo de envío muy alto. Esto es sobre todo cierto para envíos muy pequeños, ya que las empresas suelen cobrar una comisión por operación.


Por ejemplo, de acuerdo a las comparaciones realizadas por la PROFECO, Western Union cobra una comisión de 8 dólares; además, el tipo de cambio es menor al del precio de mayoreo, por lo que en una transferencia de 100 dólares se incurre en un costo cercano al 15 por ciento del valor del envío; para una transferencia de 200 dólares el costo asociado es cercano al 10 por ciento. Esto es mucho mayor que la disminución que se hace al tipo de cambio en las ventanillas de las casas de cambio que no suele ser mayor al 5 por ciento. Es cierto que las remesas promedio son mayores, cercanas a los 300 dólares, pero para quienes desean hacer pequeñas transferencias el costo se percibe como un abuso. Es comprensible entonces que en algunos casos para los migrantes sean más convenientes las remesas en efectivo.


Hay quienes ven un riesgo en favorecer una mayor cantidad de operaciones de dólares en efectivo en nuestro país. Aseguran que esto podría favorecer operaciones de lavado de dinero desde Estados Unidos a México. Sin embargo, los migrantes no deberían pagar un mayor costo por sus remesas debido a las deficiencias del sistema financiero para detectar movimientos sospechosos o a la incapacidad de tener un control de la frontera que limite los movimientos de grandes sumas de efectivo.


El Estado mexicano ha abandonado a las comunidades migrantes en los últimos años, desapareciendo programas, disminuyendo presupuestos asociados a su protección, o peor aún, siendo complaciente con las medidas antiinmigrantes. Si no es posible favorecer las operaciones en efectivo que tienen un costo menor que las operaciones electrónicas en pequeños envíos, es momento de que se analicen alternativas prácticas para que las comunidades migrantes puedan mejorar la conversión de sus legítimas ganancias en beneficios para sus comunidades de origen.

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