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  • Jaime Lara Lara

La realidad del agua

En el último mes el acueducto que provee agua la capital potosina desde la presa El Realito ha sufrido varias interrupciones en el servicio. La infraestructura asociada a este acueducto carece de capacidad de almacenamiento para que estas interrupciones no afecten a los consumidores finales, tampoco hay capacidad para que la interconexión con otras fuentes de abastecimiento pueda suplir totalmente una falta temporal desde el acueducto. Debido a que las fallas son tan recurrentes es posible que se deban a defectos en la construcción original por la que se desembolsó una cantidad importante de recursos públicos. Todo esto solo es una muestra de los problemas en el suministro del vital líquido en la capital potosina y en el estado.


Vivimos en una región semidesértica con una variación de lluvias de las más altas a nivel mundial por lo que las sequías son recurrentes y la disponibilidad promedio es baja. Aun así, más por arraigo ancestral a la tierra que por rentabilidad económica, todavía tenemos una alta proporción de la fuerza de trabajo dedicada a la producción agrícola dependiente de la lluvia de temporal, lo que ocasiona pérdidas de cosecha recurrentes; infraestructura para resolver ese problema en el campo se ha construido a cuentagotas desde que tenemos memoria, tampoco se ha hecho mucho para promover una mayor eficiencia en el uso del agua de riego donde la infraestructura existe. Con el cambio climático estos problemas prometen agravarse en el futuro. En la capital el agua que se recibe en las viviendas no tiene la calidad suficiente para el consumo humano, la infraestructura de distribución tiene fugas que provocan un alto desperdicio mientras en algunas colonias el servicio es intermitente, el organismo operador del servicio apenas cuenta con los ingresos para mantener el funcionamiento del servicio en las condiciones actuales. Las pocas mejoras a la infraestructura que se realizan no se hacen a los mejores costos mientras que proyectos necesarios se quedan esperando décadas para realizarse. Ni siquiera se realizan acciones para promover un consumo más responsable del vital líquido.


El agua y sus problemas asociados deberían ser entonces una de las prioridades en la agenda de la discusión pública para San Luis Potosí. Pero esto no es así. Cuando ocurre solo es para discutir las tarifas de los servicios que los organismos municipales pueden cobrar; se ha optado por mantener cuotas relativamente bajas tratando de beneficiar a los consumidores. Sin embargo, no se establecen los recursos alternativos para mejorar la infraestructura que permita una operación más eficiente y de calidad. Las soluciones de largo plazo requieren recursos para los que se tienen otras prioridades. Ha sido relativamente fácil buscar recursos cuando se trata de subsidiar la instalación de importantes empresas automotrices, pero en esos paquetes no se han contemplado los recursos para proveer de servicios tan indispensables como el agua a la población que se empleará en estas empresas, provocando un crecimiento económico con rezagos para la calidad de vida. El último proyecto relevante para el suministro a la capital potosina había sido precisamente la presa El Realito; sin embargo, no era suficiente y no se han llevado a cabo soluciones complementarias mientras crece la población que vive en la ciudad. La solución no vendrá de una nube.

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