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  • Jaime Lara Lara

Incertidumbre y alimentación

Barriga llena, corazón contento

Frase popular


Hace unos días se dieron a conocer las cifras sobre el cambio en la pobreza entre 2018 y 2020. Como era de esperarse en el contexto de la pandemia hubo un incremento, pasando del 41.9 al 43.9 por ciento de la población en condición de pobreza, mientras que la pobreza extrema aumentó del 7 al 8.5 por ciento de la población. Las cifras las construye el CONEVAL a partir de la encuesta de ingreso y gasto de los hogares que se levanta cada dos años por el INEGI. Se toman en cuenta los ingresos del hogar, así como el acceso a derechos sociales relacionados con salud, educación y seguridad social, además de las condiciones de la vivienda y el gasto en alimentación. Se trata de seguir los mismos criterios cada dos años para asegurar que las cifras sean comparables.


Una aproximación más simple de analizar el impacto de la crisis con la misma encuesta utilizada por el CONEVAL es utilizar una pregunta relacionada con la preocupación de los hogares por quedarse sin alimentos. Esta pregunta puede recuperar la incertidumbre asociada a los eventos dentro del hogar como el desempleo, un gasto catastrófico en salud o la pérdida de una cosecha, pero también podría ser influida por las noticias del entorno acerca de la economía, así como comparaciones sociales acerca de lo que se considera una alimentación adecuada. Aunque podríamos pensar que la falta de alimentos es una situación experimentada por muy pocos hogares en nuestro país, en 2018 el 41 por ciento de los hogares manifestaron haber tenido preocupación por quedarse sin alimentos en los meses previos a la encuesta, una proporción muy cercana a las cifras de pobreza para ese año. En 2020, la cifra se incrementó a 46.7 por ciento de los hogares.


Por otros indicadores ya sabíamos que la crisis económica había tenido sus mayores impactos en zonas con actividad turística y algunas de nuestras grandes ciudades. Los datos de incertidumbre alimentaria así lo confirman. En Quintana Roo los hogares que experimentaron preocupación por el acceso a alimentos pasaron de 39.7 a 58.7 por ciento, siendo el mayor incremento en la proporción a nivel nacional. También en la Ciudad de México hubo un incremento muy importante ya que el indicador pasó de 28 a 41 por ciento. El estado de San Luis Potosí también tuvo un incremento sustancial de los hogares con incertidumbre acerca del acceso a alimentos, pues pasó de 36.1 a 44.4 por ciento de su población.


Ya ha pasado un año desde que estos datos fueron recabados, y con la recuperación económica es previsible que una parte de los impactos negativos de la crisis se hayan revertido. Sin embargo, son una muestra de la extrema vulnerabilidad económica en la que se encuentra casi la mitad de la población en nuestro país que hace temer hasta por el acceso a la alimentación. Algunos analistas esperaban impactos negativos más fuertes de la pandemia; mientras que el gobierno federal consideraba que con los programas sociales implementados en esta administración no habría un efecto negativo de la crisis entre hogares más pobres. Ninguna de esas expectativas se cumplió. Pero indudablemente para el futuro habrá que diseñar mejores políticas para enfrentar la incertidumbre extrema que pueden enfrentar los hogares.

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