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  • Jaime Lara Lara

El fantasma de la inflación

En los últimos meses hemos visto como las tasas de inflación se han elevado significativamente. Según el último reporte del INEGI, en la primera quincena de abril los precios se habían incrementado en promedio 7.72 por ciento con respecto al mismo período del año anterior. Peor aún, algunos rubros sensibles para la población han mostrado ritmos de crecimiento de los precios más elevados. En frutas y verduras la inflación fue de un 17.26 por ciento y en el rubro donde se encuentran los alimentos procesados el incremento fue de 10.68 por ciento. En México los hogares todavía gastan una alta proporción de sus ingresos en la alimentación, el 38 por ciento según la última encuesta de ingresos y gastos de los hogares, por lo que este proceso inflacionario está afectando a los bienes más indispensables y difíciles de sustituir.


Para el ciudadano común los procesos inflacionarios son una fuente de stress e incertidumbre. Para la mayoría, generalmente nuestros salarios están fijos en una cantidad acordada previamente con nuestros patrones, por lo que en el corto plazo cada vez podemos comprar menos cosas con nuestro ingreso, y no sabemos si será posible recuperar el poder de compra en el próximo ajuste salarial. Para quienes tienen pequeños negocios o rentan algún inmueble siempre es un proceso complicado tratar de establecer un nuevo precio, no es la mejor noticia que se puede dar a los clientes y existe el temor de perder volumen de ventas.


Otro de los frentes donde vemos afectada nuestra tranquilidad es en las decisiones de ahorro y crédito. Generalmente las tasas de interés que ofrecen las cuentas de ahorro más conocidas son muy bajas, menores a la inflación, por lo que nuestro dinero ya no puede comprar los mismos bienes y servicios que antes si lo dejamos ahí. No es tan simple encontrar opciones más rentables de inversión, particularmente si no somos inversionistas con grandes volúmenes de capital que pueden estar mucho tiempo analizando opciones. Quizá sea mejor gastar ahora ese dinero, pero no queremos quedarnos sin un fondo de emergencias. Por el lado del crédito, los bancos comienzan a elevar las tasas para los créditos de vivienda o automóvil, por lo que quienes llevaban años planeando esta compra se preguntan si no será mejor posponer la adquisición.


Además de todo este stress e incertidumbre que provoca la inflación en nuestras decisiones económicas cotidianas, está el hecho de que los procesos inflacionarios en nuestra memoria colectiva han sido preámbulo o consecuencia de crisis económicos nacionales. Así que nos preguntamos si apenas estamos observando el inicio de otro capítulo gris en la economía nacional.


Las perspectivas económicas a nivel macroeconómico indican que la inflación podría regresar a niveles más moderados el próximo año, y que no estamos en una caída abrupta de la actividad económica, aunque las perspectivas de crecimiento han disminuido en los meses recientes por la guerra en Ucrania y la economía no se ha recuperado del todo de los efectos de la pandemia. Pero estamos en un momento de mucha incertidumbre para el ciudadano común, y esto los hacedores de política no deben omitirlo en sus consideraciones, ya que la fortaleza del consumo fue uno de los elementos que había permitido un crecimiento favorable de la economía el año pasado.

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